«Podemos aparecer de repente una noche». Esta frase no fue pronunciada como un recordatorio del pasado, sino como una advertencia para el futuro , por una de las mentes estratégicas más influyentes de Ankara, con motivo de la instalación de un sistema de defensa en territorio griego.
El almirante retirado Cihat Yayci , uno de los artífices de la doctrina de la “Patria Azul” , ha regresado con una postura sin precedentes, invocando abiertamente el derecho a un ataque preventivo contra nuestro país. El motivo: el “Escudo de Aquiles” . Y no está solo. Los medios turcos se han visto inundados de voces extremistas, y la tensión alcanzó su punto álgido tras las aclaraciones sobre el “código fuente” del sistema.
El punto de partida de su argumento es la caracterización de los sistemas de defensa griegos como una amenaza directa . Según él, los radares y sensores “vigilarán todos los movimientos de los aviones turcos” y “formarán una red de información alrededor de Turquía”. También repitió la acusación habitual de desplegar “tropas, armas, radares, sensores y misiles en islas que deberían tener estatus civil”, preguntándose si es posible que su país observe esto en silencio.
Citando al presidente turco, Yayci se aseguró de aclarar que “estas palabras no son en vano”. Advirtió que si Ankara cree que se está formando una amenaza real en su contra y que se está creando una “Alianza del Mal” que espera el momento oportuno para atacar, entonces “hará lo que sea necesario”.
Sin embargo, lo más peligroso reside en la forma en que intenta legitimar dicha acción de antemano . Citó a Estados Unidos, que «habla de legítima defensa preventiva y la practica», e Israel, que «ataca con la misma excusa y nadie protesta», lo que plantea la cuestión de si «solo se convertirá en un problema cuando Turquía lo haga». Su país, declaró, «también ejercerá su derecho a la legítima defensa preventiva».
Se trata de una construcción jurídica sumamente controvertida en el derecho internacional, que en este caso pretende algo aún más extremo: convertir la existencia de sistemas de defensa en una justificación para el ataque. Con esta lógica, cualquier país que refuerce su defensa automáticamente proporciona un pretexto a quien desee atacarlo. Y el hecho de que esta postura sea expresada públicamente por un ejecutivo con tanta influencia en la formación del pensamiento estratégico turco le confiere un peso que trasciende la mera opinión personal.
A continuación, vino la parte de echar la culpa a otros . El almirante retirado acusó a Grecia de publicar “artículos casi diarios contra Turquía” y de que “los periódicos y políticos griegos hablan constantemente de Turquía, señalándola como un objetivo”, mientras que en su país, según dijo, “hablamos de ella ocasionalmente, eso es todo”, porque Turquía “no tiene intenciones agresivas hacia Grecia”.
Su conclusión resume la contradicción absoluta de la postura. Las islas griegas, argumentó, «están tan cerca de Turquía que casi se pueden atacar con una honda », y su país «no ha lanzado ni una sola piedra con una honda contra estas islas hasta la fecha». Concluyó afirmando que «Turquía no es agresiva», pero «quienes amenacen a Turquía no encontrarán ante sí un Estado silencioso, indefenso y pasivo».
La frase sobre la honda es quizás la más reveladora de toda la entrevista. Se presenta como una demostración de autocontrol, pero en realidad funciona como un recordatorio de cercanía y posibilidad. En otras palabras, es una amenaza formulada con la gramática de la paz.
En definitiva, el momento no se presta a muchas interpretaciones. La intensidad de la reacción turca alcanza su punto álgido precisamente cuando Grecia avanza en la implementación de un sistema que, como el propio Yaytszi admite, cambiará radicalmente la configuración del espacio aéreo en la región. En otras palabras, la provocación no se desencadena por ninguna acción ofensiva griega, sino por la perspectiva de una defensa griega más fuerte .