En medio de una atmósfera de profunda elevación espiritual y solemnidad, el corazón de la Ortodoxia en África latió con fuerza en la víspera de la gran fiesta de la Madre de Dios. En la tarde del viernes 14 de agosto de 2026, el histórico y centenario Monasterio Patriarcal de San Savvas el Santificado en Alejandría fue el epicentro de la gloriosa celebración, donde se celebraron las Grandes Vísperas Solemnes Patriarcales por la Dormición y la Asunción al Cielo de la Santísima Madre de Dios.
La solemne ceremonia fue oficiada por el Papa y Patriarca de Alejandría y de toda África, Teodoro II, flanqueado por el Metropolitano Jorge de Guinea y San Mauricio y el Metropolitano Germano de Tamiatheos. En un emotivo ritual, antes de la despedida de las Vísperas, Su Beatitud cantó los Elogios a la Virgen María, seguidos de la procesión del Epitafio de la Madre de Dios, adornado con flores, en el patio del histórico monasterio, con la participación del clero y una multitud de fieles que acudieron a rendir homenaje a la Madre de Dios.
El discurso del Primado de Alejandría ante la congregación fue profundamente humano, cargado de emoción evidente y con referencias directas a la realidad contemporánea. El Patriarca Teodoro presentó el rostro de la Virgen María no solo como un símbolo religioso, sino como la Madre eterna de toda la humanidad, refugio seguro para todo aquel que sufre y consuelo inagotable para quienes experimentan dolor e incertidumbre.
Su Beatitud hizo especial hincapié en las sombrías condiciones que aquejan a la comunidad internacional, subrayando que, en una era marcada por guerras devastadoras, conflictos e incalculable sufrimiento humano, recurrir al amor maternal de la Theotokos es una necesidad imperiosa. Con sentidas palabras, exhortó a los fieles a unir sus oraciones para que la Virgen María extienda su manto protector sobre el planeta, intercediendo por la tan anhelada paz.
Hoy, desde Alejandría, la ciudad de Alejandro Magno y del apóstol Marcos, elevamos nuestra plegaria a la Madre de todos, dijo el Patriarca Teodoro con su característico emotivo llamado a la concienciación. Pidió a la Virgen María que enjugara las lágrimas de los niños indefensos, que aliviara el dolor de las madres afligidas y que protegiera a los inocentes, al tiempo que enviaba un claro mensaje a los líderes internacionales, implorando la iluminación de los poderosos de la tierra para que cese la violencia. Recordó con significado que el abrazo de la Virgen María no conoce fronteras, discriminación racial ni nacional, sino que acoge por igual a todo ser humano.
Para concluir el servicio religioso, el Primado del Patriarcado del Segundo Trono expresó sus más sinceros deseos paternales, para que la gracia de la Virgen María cubra continuamente la hospitalaria tierra de Egipto, el sufrido continente africano y el mundo entero, otorgando paz duradera a los pueblos, consuelo a las almas heridas y esperanza a todos los corazones.