La misma masa de agua, dos nombres, según el lugar. Siguiendo el ejemplo de Google Maps, el lago Ontario también ha sido renombrado como “Lago América” para los usuarios de Apple Maps en Estados Unidos. Quienes se encuentren en Canadá y otros países seguirán viendo el nombre anterior, según la BBC .
El cambio de nombre fue ordenado por el presidente estadounidense Donald Trump , en el marco de la disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá. El fracaso de las negociaciones entre ambos países derivó en aranceles del 50% sobre productos canadienses por un valor total de 20 mil millones de dólares . En otras palabras, el cambio en los mapas no es una decisión geográfica, sino una extensión de la confrontación comercial al ámbito simbólico.
Google había realizado un cambio similar para sus usuarios estadounidenses, lo que provocó fuertes reacciones en las redes sociales. La orden ejecutiva de Trump otorga al Departamento del Interior de EE. UU. 30 días para registrar el nuevo nombre en el Servicio de Información de Nombres Geográficos , la base de datos oficial de topónimos del país.
La respuesta canadiense se manifestó de la forma más tangible. Se colocó un nuevo letrero en el lago con la frase “Lago Ontario. Ahora y siempre”.
Detrás de la controversia subyace un parámetro histórico que complejiza el caso. Los nombres de cuatro de los cinco Grandes Lagos —Ontario, Hurón, Michigan y Erie— provienen de palabras de pueblos indígenas . El lago Superior tomó su nombre de una palabra francesa anglicizada, mientras que el nombre Erie pasó al inglés a través del francés. Por lo tanto, el cambio de nombre no solo afecta las relaciones entre dos países.
Sin embargo, no todos los proveedores de mapas siguieron el ejemplo. El servicio gratuito en línea MapQuest anunció el viernes que no cambiaría su nombre.
Este episodio no es el primero de su tipo. Tanto Google como Apple ya cambiaron el nombre del Golfo de México a Golfo de América para los usuarios estadounidenses, también por orden de Trump.
Lo que está surgiendo es una nueva realidad para los mapas digitales. Durante décadas, se consideraron herramientas neutrales, registradores de una realidad que existía independientemente de ellos. Pero la capacidad de mostrar nombres diferentes según la ubicación geográfica del usuario los convierte en un campo de acción política. Y la pregunta que surge es sencilla: si un mapa puede comunicar cosas distintas a personas distintas, ¿qué es exactamente lo que registra?